¿Qué es el hambre emocional?

El hambre emocional hace referencia a una sensación de apetito que se activa no por una a necesidad fisiológica, sino por la aparición de ciertos estados emocionales, es decir, la causa es psicológica y en ésta se está usando la comida como una herramienta para silenciar nuestro estado emocional.

A diferencia del hambre fisiológico, esta señal de apetito suele iniciar repentinamente y no siempre remite con la ingesta de alimento, de forma que la persona experimenta una sensación permanente de vacío interior.

El hambre emocional puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), como lo es el caso de los atracones de comida (un tipo de TCA). La anorexia y la bulimia son otros trastornos alimentarios que son los más conocidos, aunque estos no representan la problemática alimentaria más común en la población. En realidad, las dificultades más habituales que se abordan en las consultas de psicología y de nutrición están relacionados con el hambre emocional y como consecuencia de ésta, se pueden producir los atracones.

Es importante tener en cuenta que nuestra alimentación está estrechamente ligada a las emociones desde los primeros momentos del desarrollo . En la infancia temprana, el hecho de que figuras cuidadoras nos alimenten, contribuye a consolidar un vínculo entre los alimentos y ciertas emociones. Puede que siendo adulto recuerdes tu plato favorito siendo niño y que, al consumirlo en la actualidad, despierte en ti una sensación de cariño y hogar.esta asociación entre emociones y alimentación no es únicamente propia de la infancia, sino que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. La comida es un elemento social y está presente en todo tipo de eventos y tradiciones (muchas veces es utilizado como regalo, muestra de afecto o de recompensa). También la alimentación esta ligada a nuestra supervivencia, como cuando el simple hecho de sentir asco ante alimentos con mal sabor, es un mecanismo que nos previene de intoxicaciones alimentarias. Por muchas razones se dice que las emociones tienen un papel fundamental en el proceso de alimentarnos.

¿Cuándo el hambre emocional se convierte en un problema?

El hambre emocional comienza a ser un problema cuando la comida se convierte en nuestra única estrategia de regulación, es decir, cuando buscamos taponar nuestros estados internos comiendo en lugar de profundizar en lo que sentimos y podemos entrar en una espiral compleja de la que cuesta salir.

En algunos casos, como se dijo anteriormente, esto puede llevar a la aparición de atracones o lo que es lo mismo una ingesta impulsiva y descontrolada de grandes cantidades de alimento en poco tiempo. Tras estos episodios la persona experimenta un profundo malestar y sentimientos de culpa, lo que puede activar mecanismos compensatorios como la restricción alimentaria, los cuales no hacen más que aumentar el riesgo de nuevos atracones en el futuro.

Otra opción es que puede desencadenar bulimia nerviosa (trastorno de la alimentación que se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo, que se une a una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo cual puede derivar en utilizar métodos para controlar el aumento de peso como vomitar o usar laxantes; en este trastorno, la persona se ve gorda, pero puede tener una idea distorsionada de su propio cuerpo aunque presente un peso normal y presenta sentimientos permanentes de insatisfacción corporal, miedo a engordar y se siente incapaz de controlar sus impulsos con la comida, siendo igualmente incapaz de resistir el deseo de realizar un atracón).

Para evitar caer en esta dinámica, es esencial contar con el acompañamiento de profesionales de la psicología y la nutrición, así como es fundamental abordar una correcta atención y regulación de las emociones, adquiriendo nuevas estrategias para su manejo más allá de la comida.

Añadido a esto, también es esencial que la persona pueda comprender el origen de este malestar profundo. En el aspecto nutricional, desmentir mitos sobre la alimentación y adquirir hábitos saludables es esencial para mantener una ingesta ajustada a las necesidades particulares de cada uno, evitando pasar hambre y experimentar atracones.

Hoy en dia somos adictos a los alimentos de origen industrial, es decir, a todo producto ultraprocesado que ha pasado por varios procesos químicos que aseguran, su color, sabor y una fecha de vencimiento más larga que la comida fresca. En este grupo entra todo lo que se encuentra empacado en los supermercados. El azúcar, al igual que las drogas, genera la misma adicción y a la hora de dejarla genera igualmente un síndrome de abstinencia porque el azúcar al entrar en el cuerpo, estimula los centros de placer mediante la dopamina (el neurotransmisor relacionado con el placer) generando una reacción en el cerebro, parecida a la que generan los opioides (heroína y morfina). Es por esta razón que entre más comamos productos con azúcar, más hambre da. La insulina es una hormona, la cual es la responsable de regular cuánta azúcar hay en la sangre (glucosa). Cuando hay una excesiva producción de insulina, las células no responderán de la misma manera, lo que provoca que el azúcar en la sangre se vaya acumulando en forma de tejido graso, en el cuerpo (fenómeno llamado resistencia a la insulina y provocará enfermedades graves).

¿Cómo distinguir el hambre real o hambre emocional?

Para diferenciar el hambre real del hambre emocional se debe observar el tipo de alimentos que se nos antojan: cuando el hambre es real, se nos antoja comida salada como carne, pescados, pollo, verduras, frutas, etc. y se siente como con un dolor en la boca del estómago que no se quita con nada más que comiendo; en el hambre emocional, los antojos que se siente es por alimentos ultraprocesados y dulces.

El hambre emocional consiste en usar la comida para resolver problemas y episodios de estrés o de tristeza; se trata de un trastorno alimenticio que nos hace confundir nuestros sentimientos con el hambre. De esta manera, la persona entra a comer de forma impulsiva sin tener realmente apetito.

En vez de ignorar el hambre emocional, hay que enfocarnos en conocerla, pues la relación que tenemos con la comida, expresa una verdadera necesidad. Solo hasta que entendamos que nos quiere decir un antojo o esas ganas de comer hasta estallar, no se detendrán los ataques compulsivos por la comida.

El hambre emocional y la relación con los alimentos están condicionados por lo que sentimos desde los primeros momentos de vida (siendo bebés, al tomar leche materna del pecho de la madre, el bebé además de alimentarse, siente placer y cariño por parte de ella y este acto hace que desde niños asociemos el acto de comer con algo placentero).

Cuando nos sentimos tristes, desamparados o con incertidumbre acudimos a la comida, ya que desde nuestras primeras memorias la asociamos con un acto de amor y placer. Cuando se presentan momentos difíciles, nuestras luchas internas y problemas que tenemos, terminan por desencadenar un impulso inconsciente por llenar nuestra boca de comida, para no pronunciar palabras con una carga emocional que pueda asustarnos.

Entonces, a nivel emocional acudimos a la comida como refugio para llenarnos la boca con algo que no hemos podido decir o porque es la forma de generar placer y seguridad ante una situación que no sabemos cómo manejar.

Por otra parte, el tema del hambre emocional es complejo y puede tener también aspectos violentos, en tanto que comer en exceso y con ansiedad es un acto de odio hacia nosotros mismos.

Trastorno por atracones

También se puede definir como trastorno de apetito desenfrenado y es un trastorno grave de la alimentación en el que la persona suele consumir cantidades extraordinariamente grandes de alimentos y se siente incapaz de parar de comer.

Casi todos comemos más en algunas ocasiones. Sin embargo, para algunas personas, comer de manera excesiva, con la sensación que se pierde el control y que esto se vuelva algo habitual, pasa a ser un trastorno de apetito desenfrenado.

La mayoría de las personas con este trastorno tienen sobrepeso o son obesas.

Los signos y síntomas del trastorno por atracones incluyen los siguientes:

  • Comer cantidades inusualmente grandes de comida en un tiempo determinado (por ejemplo, en un periodo de dos horas).
  • Sentir que la conducta alimenticia está fuera de control
  • Comer incluso cuando se está lleno o no se tiene hambre
  • Comer con rapidez durante los episodios de atracones
  • Comer hasta que estás demasiado lleno
  • Comer solo o a escondidas con frecuencia
  • Sentirse deprimido, enojado, avergonzado, culpable o molesto por tus hábitos alimentarios.
  • Hacer dietas con frecuencia sin bajar de peso

A diferencia de una persona con bulimia, después del atracón no se induce el vómito, no se usan laxantes o se hace ejercicios físicos en exceso para compensar las calorías adicionales que se consumieron.

La gravedad del trastorno por atracones se determina a través de la frecuencia de los episodios durante una semana.


Ana Ospina

Psicologa clínica y forense

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